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Os cuento mi segundo parto 9 junio 2010

Filed under: Parto — ecomaternal @ 10:12 pm
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Os cuento mi segundo parto

 Son las 4 de la madrugada. Ya han empezado las primeras contracciones. No es exactamente la misma sensación que en mi primer parto, es más como un dolor de regla. Desde ayer noto molestias y avisé a la matrona de que seguramente era para este fin de semana.

 Las contracciones no son muy fuertes pero molestas y no consigo volver a dormirme. Tengo que moverme y mi hijo duerme en mi cama. Por eso prefiero ir al cuarto de al lado para no despertarlo. Pongo las cosas para el parto allí. Mi compañero quiere venir conmigo. Le digo que seguramente vaya para rato, que es mejor que intente descansar pero me quiere acompañar. Tengo contracciones cada 10 minutos más o menos. Es menos tiempo de lo que creía. 

 Por la mañana llamo a la matrona. Parece que es para hoy. Me dice que se pasará un poco más tarde. Mientras intento hacer vida normal, preparar las últimas cosas. Me preparo una infusión de jengibre, clavo, canela y hojas de frambueso, pero me he pasado un poco con el jengibre y es muy amarga, un asco. Hoy hace un día muy malo y no puedo salir a pasear.

 Las contracciones siguen el mismo ritmo pero más molestas. Tengo que parar a cada contracción, me centro en la respiración, intento relajarme. Son desde el principio más fuertes que en mi primer parto. Voy a prepararme un baño, a ver si me ayuda. Pongo música, la misma que había preparado para mi primer parto. No noto que el agua me alivie. Me había venido fenomenal la primera vez. Cambio de postura, me pongo de pie. Al moverme parece que las contracciones son más frecuentes.

 Ha llegado la matrona y sube a verme. Después de un rato decido salir del baño, parece que las contracciones son menos frecuentes y estoy aburrida. Igual me metí en el agua demasiado pronto. Parece que la cosa va para rato. La matrona propone hacerme un tacto. Estoy de 2 cm. Solo es el principio. Me dice que se va a su casa pero que si la cosa se acelera de repente, con contracciones cada 5 minutos, la llame de nuevo porque en un segundo parto la dilatación puede ir muy de prisa.

 Son las 14h de la tarde. Mi hijo tiene sueño y antes de echarse la siesta le suelo dar de mamar. Lo hago igual. Mama unos minutos nada más y se duerme mamando. En ese momento me viene una contracción bestial, me tengo que levantar y suelto al peque en brazos de su padre que menos mal está al lado. Me apoyo contra la pared e intento relajarme pero me duele muchísimo y parece que la contracción no acaba, es larguísima. A los pocos minutos vuelve otra igual de intensa, aunque más corta, y otra, y otra, y otra. Esta vez no paran y son cada 5 minutos. Llamo a la matrona y se lo cuento. ¡Vaya chute de oxitocina que me he metido! Me dice que va a volver dentro de un rato y esta vez se quedará.

 Ponemos al peque en nuestro cuarto, nosotros nos ponemos en el otro donde ya había preparado las cosas. Las contracciones son más dolorosas que en mi primer parto, pero de momento lo llevo bastante bien. Nos abrazamos, eso ayuda mucho. Cuando viene una contracción tomo aire y hago movimientos rítmicos. El tic tac del reloj me ayuda. Me balanceo a un lado y a otro siguiendo ese ritmo. Repito en voz baja “tic-tac-tic-tac”… Creo que las endorfinas están empezando a hacer efecto porque me siento como medio drogada. Algunas veces nos ponemos de pie, nos balaceamos al ritmo del reloj. Otras me siento en la pelota giganta, siempre con el mismo ritmo. Y así pasa el tiempo, cambiando a menudo de postura cuando parece que una ya no me alivia: de pie, en la pelota, a cuatro patas, sentada en el borde de la cama, en cuclillas, echada hacia delante, hacia atrás, en la cama, en el suelo, etc. Mi pareja está siempre cerca, abrazándome, tocándome.

 Ha llegado la matrona, escucha al bebé, todo está bien. Nos dice que está abajo si la necesitamos. Nosotros seguimos con nuestro “baile”. Mi compañero me dice lo erótico que resulta este momento: los movimientos que hago, la cara que pongo, la respiración, los gemidos… parece otra cosa. Desde fuera seguro que parece muy sensual. Pero las contracciones son muy fuertes y ya me cuesta encontrar alivio.

 De vez en cuando viene la matrona para escuchar al bebé. Mi hijo se ha despertado. Se ha echado una siesta estupenda, como casi nunca se echa. Su padre baja con él, le explica que hoy no podemos ocuparnos tanto de él porque va a nacer el hermanito o la hermanita. Parece que lo entiende. Hoy, por primera vez acepta quedarse un buen rato con otra persona sin que estemos nosotros y sale de paseo con la matrona aprovechando que por fin sale el sol. Después de eso su papá y la matrona se van turnando para estar con él y conmigo. Algunos ratos estoy sola.

 A mí el tiempo se me empieza a hacer largo. Tengo la sensación de que las contracciones son menos frecuentes (pero es solo una sensación). Tengo calor, necesito salir del cuarto, voy al baño, me refresco, hay mucha luz, claro es de día. Mi primer parto fue de noche y creo que me ayudó a relajarme. Me vendría bien un baño ahora pero hay demasiada luz en el cuarto de baño, prefiero volver a la habitación, hay menos claridad. Pongo música. En mi primer parto, aunque la había preparado, no la puse porque ni me acordé de eso, no sentí necesidad. Esta vez si. Necesito algo para relajarme, para encontrar mi ritmo. Algunas veces la matrona pone su mano en la zona del sacro y me sienta bien. Huelo aceites esenciales. Me masajeo la barriga. Ya haga lo que haga me cuesta encontrar alivio, ni el cambio de postura, ni nuestro “baile”… Empiezo a preguntarme cuánto tiempo me queda, porque como quede mucho y las contracciones se hagan más intensas todavía no sé si voy a aguantar…. Mi respiración es cada vez más fuerte. Le digo a David que si un día le digo que quiero un tercer hijo me recuerde que no quiero volver a pasar por esto…

 Oigo a mi hijo llorar. Su padre baja a ver qué le pasa. Vuelve y me dice que ha venido una amiga para ver si hace falta ocuparse de él y se ha echado a llorar. Le digo que no quiero ver a nadie. De todas formas se ha ido.

 Ya no sé qué hacer. Qué dolor. Hasta me cuesta respirar durante la contracción. Está todo concentrado en el bajo vientre, igual que con mi hijo, pero mucho más intenso. Qué alivio cuando se va. La matrona me propone hacerme un tacto “para animarme” dice. “O para desanimarme” le contesto. Estoy de 8 centímetros. “De 8 a 10 no queda nada”. Es cierto, pero se me hace eterno. Pienso en las mujeres que tienen un parto así y están dilatando en el hospital, a las que se las trata mal, no me extraña que pidan la epidural a gritos. ¿Y el parto orgásmico? Creo que no va a ser para hoy…

 En un momento dado parece que todo se acelera, apenas tengo tregua entre cada contracción. Empiezo a gritar. Creo que me voy a volver loca. Golpeo contra la pared, en la ventana, pataleo, agarro a David con todas mis fuerzas, empujo su cabeza con la mía. No puedo más. Ya sé que una vez que haya acabado se me olvidará todo, pero de momento no soy capaz de relativizar nada. Me echo a llorar. Tengo ganas de ir al baño a cada rato, me entra como diarrea, me escuece, parece que me voy a partir. Empiezo a decir barbaridades “me voy a morir aquí”, ” no puedo más”. David y la matrona me intentan animar. Ya casi estoy en el expulsivo, no queda nada, todo está yendo fenomenal. Lo sé, sé que soy capaz, que queda poco, que estoy en la típica fase de desesperación de la que habla Michel Odent (pero que no vivi en mi primer parto). Es igual que lo que he leído en los libros. Pero no puedo evitarlo. A ver si vienen ya las ganas de empujar. Le pregunto a la matrona como sé cuando tendré ganas de empujar (No recuerdo ni lo que dijo…). Ya no soy persona, ya no soy yo, estoy sin estar, hablo sin saber lo que digo, oigo sin escuchar lo que me dicen, parece que he enloquecido. La matrona me dice que hacemos lo que quiera, que si quiero vamos al hospital. No, por supuesto que no. Si digo las cosas sin pensar. En el hospital sería aun peor.

 De golpe se rompe la bolsa, el agua está clara. ¿Pero cuando diablos va a acabar? De repente me pongo a cuatro patas en la cama. Ya siento ganas de empujar. Más que ganas es necesidad. A la vez salen unos gritos ensordecedores de mi boca, me duelen hasta los oídos. Parece que si no grito no soy capaz de empujar. Mi cuerpo ya no me pertenece. Esas ganas de empujar, esos gritos, salen solos. Ya no soy humana. David, la matrona y mi hijo están conmigo. Le dicen que va a nacer el bebé, pero grito tan fuerte que el pobre se asusta, se echa a llorar y se va a jugar al cuarto de al lado. En los dos primeros empujones siento que la cabeza baja, pero vuelve a subir. En la siguiente contracción me llega una fuerza como animal, la cabeza está saliendo. Qué sensación, la misma que en mi primer parto, la había olvidado. Esa impresión de que me abro pero que lo que tiene que pasar no cabe, que me están descuartizando, que me voy a rajar. La matrona me dice que despacito pero es superior a mi fuerza y sigo empujando. La cabeza ha salido y creo que voy a tener una pequeña tregua, que lo más difícil ha pasado, pero la contracción sigue y enseguida vuelvo a sentir ganas de empujar. Esto tiene que acabar de una vez. Empujo, y de nuevo esa sensación de que no cabe, de que me rajo… (Es curioso porque en mi primer parto recuerdo que una vez pasada la cabeza expulsar el resto del cuerpo me pareció mucho más fácil, esta vez no, tal vez porque el bebé es más grande.) Siento el cuerpecito de mi bebé pasar por mi cuerpo y luego deslizarse entre mis muslos, está caliente, húmedo, resbaladizo. La matrona lo ha dejado entre mis piernas. Entonces abro los ojos, me cuesta un poco recobrar el aliento y darme cuenta de que ya ha terminado. “Cógela” dice la matrona. “¿La?” ¿¿Entonces es niña?? No me lo puedo creer. Miro al bebé, me quiero asegurar por mí misma. Si, es una niña. Me quito la poca ropa que me queda para ponerla contra mí. Esta llorando. Es preciosa, mofletuda, rojita, huele a sangre, a flujo, a mí. Nos miramos. Se parece a su hermano pero está más gordita. A los pocos minutos ya empieza a buscar el pecho, lo encuentra y se agarra sin dificultad. No hemos cortado el cordón aún. Esta vez esperaremos.

  Son las 19h40. Ya ha acabado. Lo he conseguido de nuevo. He superado de nuevo esta gran prueba que nos pone la naturaleza. Soy madre otra vez. Mi cuerpo me ha demostrado que sabe lo que tiene que hacer y que no necesita ayuda alguna.

 La vida es curiosa. El año pasado David me dijo un día que si íbamos a por una niña, yo le dije que no, que me parecía pronto aún. No sabía entonces que acababa de quedarme embarazada y que era niña, esta pequeña criatura a la que acabo de parir, un bebé que ha venido sin avisar pero que nos está haciendo tan felices. Cuando pienso que me pregunté si querría a este bebé tanto como a su hermano… Por supuesto que la quiero, después de nueve meses de embarazo y después de haber vivido algo tan intenso juntas, de verla, tan pequeña, indefensa, inmadura, de olerla, de cogerla contra mi pecho, de sentir su cuerpo cálido contra el mío, ¿¿como no la voy a querer? Es mi cría, una prolongación de mi cuerpo, un pedazo de mis entrañas, depende de mí para sobrevivir, necesita mi protección y se la daré sin limites, igual que hice con su hermano.

 La placenta tarda algo en salir, la matrona está pendiente. Pero yo no me preocupo, tengo a mi niña en brazos, está mamando, todo ha sido tan perfecto. Igual que cuando nació su hermano me asombra haber sido capaz de crear un ser tan perfecto, una miniatura, con todos sus deditos, sus pies tan diminutos. La naturaleza es perfecta. Hace unos instantes gritaba de dolor y ahora ha acabado todo, me siento tan bien, soy tan feliz. Al final no he tenido ni un desgarro. Eso si, me duele la garganta de haber gritado tanto y me traen unos caramelos…

 Mi hijo se acerca para conocer a su hermanita. No tiene ni dos años pero parece que lo ha entendido todo. Dice “bebé” y coge la trompetilla con la que jugaba a escuchar al bebé dentro de mi barriga, la pone sobre su hermana y escucha. Nos quedamos asombrados…

……

Mi hija casi no soltó el pecho en sus primeros días de vida. Yo me recuperé enseguida. Estuve fenomenal nada más parir, con una energía que no tenía desde hacía años.

 ….

 Unos días después del parto, mi pareja escribió esto en su blog:

 “Un hombre que se ha implicado en el parto de sus hijos sólo puede acabar repudiando la violencia, adorando a los niños y venerando la naturaleza de la mujer.”

  Esto fue lo que le respondí:

“Y una mujer que ha recibido el apoyo de su pareja durante el parto, que no ha sido juzgada sino aceptada por él en todo momento sólo puede amarlo aun más porque un hombre que es capaz de ver, comprender y respetar un parto natural en todos los aspectos de la fisiología y de confiar en su mujer es todo un hombre y un padrazo. Esa mujer entiende que lo propio de la naturaleza del hombre no son la violencia y el machismo sino el respeto a la vida y la protección de su familia.”

 ……

 Hoy ha pasado un mes desde el nacimiento de mi hija. Las hormonas han hecho su trabajo. Pasados los primeros días, por mucho que lo intente no consigo recordar el dolor, ya se me ha olvidado, recuerdo ese día como un momento bonito, mágico, irrepetible. Ya lo fue el nacimiento de mi hijo, pero esta vez he tenido a mi bebé en mi casa. La gente se queda asombrada, me pregunta si no tuve miedo, me dice que soy valiente. ¿Por qué quedarme en mi casa y no ir al hospital para el parto y el postparto? Os diré por qué. Porque parir es algo natural y confío en la naturaleza. Porque confío en mi misma y no tengo miedo. Porque soy capaz de superarlo. Porque mi cuerpo sabe parir y mi bebé sabe nacer. Porque como hembra mamífera que soy necesito intimidad y seguridad para parir. Porque no necesito ni a un ginecólogo, ni a un anestesista, ni a un pediatra. Tengo a una profesional conmigo que sabrá decirme si algo no va bien, aunque confío en que todo va a ir bien. Porque no quiero epidural: sé las consecuencias que puede tener para el proceso del parto, para mí, para mi bebé y para nuestra relación y quiero ser consciente de todo, vivirlo todo, sentirlo todo. Porque el nacimiento de un bebé es algo irrepetible y bonito y hay que cuidar ese momento al máximo. Porque quiero que mi hijo esté cuando nazca su hermanito/a. Porque no quiero tener que salir de mi casa en pleno parto ni llegar a un lugar extraño y frío donde me harán preguntas y me mirarán con cara extraña. Porque no quiero que el hecho de que mi parto vaya bien o no dependa del equipo de turno en el hospital. Porque no quiero someterme a protocolos estándares y absurdos diseñados por personas que no me conocen ni saben lo que es un parto fisiológico. Porque ningún protocolo en Extremadura respeta toda la fisiología del parto, ni todos los derechos de la madre y del recién nacido. Porque quiero sentirme libre, no tener que avergonzarme de nada. Porque no quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer. Porque quiero que mi bebé nazca en un lugar acogedor y que le sea familiar. Porque no me apetece ver ni que mi bebé recién nacido vea a desconocidos. Porque no quiero tener que pelear con nadie ni que dar explicaciones a nadie sobre mi forma de cuidar de mi bebé. Porque quiero dormir en una cama cómoda con mi bebé y no tenerlo en una cuna alejado de mí. Porque quiero bañarlo yo cuando me parezca oportuno. Porque quiero descansar cuando yo quiera. Porque no quiero que cualquiera me moleste entrando por la puerta sin llamar. Porque en mi casa estoy a gusto y en el hospital no. Porque las primeras vivencias de un bebé son fundamentales y queremos vivir sus primeros minutos, horas, días en familias, en nuestro hogar, para que esté rodeado de amor y de paz sin que nada interfiera en nuestra felicidad.

 

6 Responses to “Os cuento mi segundo parto”

  1. ana belen Says:

    ¡¡Enhorabuena Ecomaternal por tu parto en casa, me ha encantado leer tu relato!!
    Yo también he parido a mis 2 hijos en casa y me he sentido identificada en muchas cosas que cuentas. Y me ha gustado todos los porqués de porque has parido en tu casa y no has ido al hospital.
    En mi 2º parto la doula era masajista ayurvédica y la zona sacra que dices en la que la comadrona ponía tu mano y te aliviaba es de lo mejor, cuando me masajeaba esa zona la contracción se me iba al instante, de manera que fué una dilatación maravillosa.
    Yo doy teta en tándem a mis hijos de 3 años y medio y 1 añito y es otra de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir los 3, ¿también das teti en tándem?
    Coincido en muchos aspectos en la forma de vida, es genial.
    Besos.

  2. ecomaternal Says:

    Hola! Si que hacemos lactancia en tandem, no es siempre facil de llevar pero no me arrepiento y creo que es lo mejor para nosotros.

  3. ana belen Says:

    Mucho más que mejor, es una experiencia única, el vínculo entre ellos se más fuerte evitando episodios de celos, unido a lo que representa el oro líquido que damos a nuestros niños y muchos más beneficios, es el mejor invento que la naturaleza nos ha regalado para sacar a sus hijos adelante y solucionar muchas situaciones.
    Besos

  4. Liset Says:

    gracias muchas gracias! estoy averiguando muchas cosas, mi compañero y yo sentimos tener nuestro bebé en casa , ahora etsamos solo averiguando y tratando de alejar los temores de la gente que nos rodea , gracias y bendiciones. hermoso relato

  5. Deb Williams Says:

    Muy valiente!!!! pero a mi me persiguen los miedos del parto, y me siento mucho más segura en el hospital. Te admiro!

  6. ecomaternal Says:

    Hola, de valiente nada. Cuando sabes lo que te puede pasar en los hospitales por aquí decidir parir en casa es simplemente lo más sensato. Donde tú vivas quizás se atiendan mejor los partos que en Extremadura. Yo para mi primer parto tampoco me sentía preparada, pensaba que era más seguroen el hospital, y la verdad es que tuve suerte. Pero luego he conocido a muchas mujeres que no tuvieron tanta suerte como yo, demasiadas. Aquí tener un parto respetado es cuestión de suerte, en función del personal de turno… Eso sí para parir en casa (o en culaquier sitio la verdad) no hay que tener miedo al parto. Es algo completamente natural y el miedo es, junto con los ginecólogos, el peor enemigo del parto. Te animo a que te informes muy bien si estás embarazada, que conozcas a más muejres que han parido de forma natural, que leas libros por ejemplo de Michel Odent.


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