Ecomaternal

Recursos, ideas y experiencias sobre maternidad, crianza, salud, educacion, ecologia

Gracias Don Valeriano Gomez 2 mayo 2011

Filed under: Parto — ecomaternal @ 5:00 pm

Quería agradecer al ministro de trabajo la idea tan maravillosa que ha tenido y su gran compromiso con la maternidad. Como todos sabréis este señor pretende que todos escolaricemos a nuestros hijos nada mas nacer para que nosotras sus madres podamos incorporarnos de nuevo al mercado del trabajo y poder asi conciliar vida familiar y laboral.

Debo reconocer que en un inicio me asusté al leer sus declaraciones, me enfadé, me preocupé. Me pareció una locura, un disparate, una vuelta atrás. Me pregunté cómo alguien podía opinar algo así cuando somos cada vez más las que pedimos una baja maternal más larga, las que reivindicamos nuestro derecho a estar con nuestros hijos para darles todo nuestro amor, nuestro cariño, amamantarlos a demanda, y todo basándonos no solo en nuestro instinto sino también en los estudios científicos realizados que demuestran cada día con mas certeza los beneficios y la necesidad para el recién nacido, el bebé y el niño del contacto físico, del vínculo, del apego, de la leche de su madre y los efectos negativos de la separación precoz. Me resultó más que cínico que propusiera esta medida para conciliar trabajo y familia. También me pareció una estupidez hacerlo en plena crisis, y me pregunté qué conocimientos de economía y de trabajo tendría este señor al pensar que esto iba a ser una solución: en qué íbamos a trabajar si ya les cuesta encontrar trabajo a los que lo están buscando ahora… 

Todo eso pensé, y mucho más pero será que tras consultarlo con la almohada lo pensé mejor y entendí lo que pretendía realmente este señor. A ver si os lo explico para que entendáis tod@s lo positivo de esta medida.  En realidad Valeriano es un defensor del parto respetado, lo que pasa es que no lo sabe. ¿No os dais cuenta? Para poder volver al trabajo nada más parir no podemos haber sufrido una cesárea, ni una episiotomía, ni haber dado a luz con epidural… El único parto que nos da fuerza, después del cual podemos levantarnos y salir a la calle con más energía incluso que antes de parir es un parto 100% natural, respetado y espontáneo, a poder ser en casa. ¡¡Eso es lo que pretende!! ¿Lo entendéis ahora? ¡Quiere parto natural y respetado para todas nosotras! ¿Como no vamos a estar de acuerdo con esto? Es usted un gran hombre don Valeriano Gómez. ¡Si pudiera le daba dos besos ahora mismo! ¡Por fin un político comprometido con la maternidad!

Solo le falta a Don Valeriano conocer un dato muy importante que no ha tenido en cuenta: con un parto así nos volvemos auténticas hembras mamíferas y somos capaces de morder o de matar si nos quitan a nuestra cría…

Parece que aun se le escapan algunas de las maravillas de la fisiología del nacimiento y que desconoce el poder de las hormonas del parto, del apego, de la lactancia, del amor. Habrá que explicárselo y recomendarle una buena bibliografía (que por cierto no les vendrá mal tampoco a los que han elaborado el protocolo de atención al parto del SES…)

 Asi que ojo al mandarnos a trabajar y al querer institucionalizar a nuestros bebés, Don Valeriano. Las madres somos capaces de todo.

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Prepararse para el parto 28 marzo 2011

Filed under: Parto — ecomaternal @ 12:37 pm

Hace poco tuve la oportunidad de participar en un ritual de parto para una amiga mía. Había oído hablar de ello pero nunca me había llamado demasiado la atención. La experiencia fue preciosa. Se trata de darle energía y fuerza a la futura madre para el momento del parto. Leímos textos especiales, le ofrecimos regalos hechos por nosotras mismas, elegimos canciones para ella, encendimos velas, bailamos, etc. y cada una de nosotras intentamos transmitirle con nuestras palabras, nuestros regalos y nuestra presencia toda la energía positiva que necesitará para el nacimiento de su hija.

Aquí tenéis un texto que traduje para la ocasión.  Lo ha escrito una comadrona francesa que se dedica a atender partos en casa, ha trabajado con Michel Odent y ha escrito un libro sobre el dolor en el parto que me encantó y me ayudó a prepararme para mi segundo parto en casa. Lo comparto con vosotros porque creo que puede ser inspirador para muchas futuras madres.

 

 

Lo que quiero decirte

 

Hija, tal vez un día tengas la suerte de acoger un hijo en tu seno y de llevarlo hacia la vida. Es un acontecimiento único en la vida de una mujer, hecho de alegrías y de penas, de certidumbres y de temores, de deseos y de rechazos: Ambigüedad de la vida.

 

Déjate llevar, déjate zozobrar, sé alga en el mar, mecida o azotada por el oleaje. El alga está bien arraigada en el suelo, como tú en la vida.

 

Déjame contarte la historia del parto.

 

Hace ya un tiempo que sabes que el hijo que llevas puede presentarse; te has preparado a ello. Pero siempre nos coge desprevenidas. Primero es un punto de interrogación (¿Será eso?), con temores, con cierta aprensión. En un momento dado llega a ser una certidumbre (Eso es), ahí en lo más hondo de tu vientre. Con esta certidumbre llega la calma, la suerte está echada, conviene dejarse llevar.

 

El tiempo se detiene, el exterior no existe, el espacio es interior. Las contracciones llegan como olas, en un vaivén rítmico que marca el silencio. Te sacuden, te habitan, impulsan un movimiento en tu cuerpo. El ritmo está aquí, el baile puede empezar. Es un baile a dos cuya pareja es el dolor, compañero envolvente y amoroso tanto como exigente, que dicta cada uno de tus pasos. Escuchar, acoger, dejar que te lleve, adaptarte, no resistirle. No sientas temor. Se tomará su tiempo para que lo vayas conociendo, te familiarices con la música, que te dejes habitar por el ritmo. Sólo cuando te sienta lista te llevará algo más lejos, algo más deprisa. Relaja la nuca, relaja los hombros, afloja la mandíbula, relaja los lumbares, deja que el movimiento se apodere de tus caderas. Cierra los ojos y sobre todo no pierdas el ritmo. No tengas miedo, él conoce tus límites mejor que tú. Sabe a donde te lleva: te lleva hacia la madre. Aprovecha cada momento de calma para recobrar el aliento y acepta que te lleve de nuevo algo más lejos, algo más deprisa, algo más fuerte. Concéntrate en su presencia, sus brazos que te agarran, te envuelven y te sostienen. No los pierdas por una cárcel, no olvides que son amorosos. Su objetivo es ayudarte a hacer el viaje, ayudarte a pasar página, ayudarte a zambullirte. Algunas veces te suelta para hacerte girar mejor y te vuelve a agarrar en el momento oportuno, antes de que pierdas el equilibrio. Poco a poco coges confianza, te deja tiempo para ello. Cuando te sienta lista, te soltará, cuando más enloquecido esté el baile… ¿Sabrás bailar sola? ¿Sabrás recuperar el equilibrio? Apenas tienes tiempo de pasar miedo y encuentras una nueva pareja que te coge al vuelo: es tu bebé que esta ahí en tu intimidad y que te guía hacia él. Se acabó el baile, no es la misma música. Sientes esta fuerza que te propulsa hacia delante, hacia el futuro, hacia el encuentro. Mira, está aquí, bajo tu mano, bajo tus dedos, acógelo, cógelo en tus brazos: ¡es tu pequeñín! Otro baile empieza entonces, el de la madre. Apenas ha nacido y ya es tu pareja, déjate guiar. No hay amante mejor y más despiadado. No hay más bella historia de amor. Anda, confía en él.

 

Tu madre.

 

Maïtie TRELAÜN, matrona.

J’accouche bientôt et j’ai peur de la douleur.

“Ce que j’ai envie de te dire”, Traducido por Ecomaternal

 

Documento para pedir la revision del protocolo de atencion al parto normal del SES 6 noviembre 2010

Filed under: Parto — ecomaternal @ 2:48 pm
Aquí tenéis el documento que hemos elaborado para pedir la revisión del nuevo protocolo de asistencia al parto del SES.
 
 
El SES ha elaborado un nuevo protocolo de asistencia al parto normal y de atención al recién nacido. Desde distintos colectivos relacionados con la maternidad consciente, la crianza natural y el parto respetado hemos entregado un documento para pedir su revisión. Es algo muy importante, que nos incumbe a todos y todas, hayamos o no tenido hijos. En los hospitales extremeños en general se trata muy mal a las mujeres que dan a luz y a los bebés que nacen, y para seguir haciéndolo hacen falta protocolos como este que justifican la hipermedicalización y las intervenciones innecesarias. Queremos que parir en un hospital extremeño sea seguro, que se nos respete, y no que se nos maltrate, que todo esto venga recogido en un protocolo y no sea solo fruto del azar, en función del equipo de turno. Hoy en día ningún hospital extremeño tiene un protocolo de asistencia al parto normal mínimamente aceptable, y si no actuamos seguirá siendo así. Por favor, firmad y dadle difusión a esta petición.  
  
Mas informacion en este enlace: http://isisnatura.wordpress.com/2010/11/06/102/
 

Os cuento mi segundo parto 9 junio 2010

Filed under: Parto — ecomaternal @ 10:12 pm
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Os cuento mi segundo parto

Son las 4 de la madrugada. Ya han empezado las primeras contracciones. No es exactamente la misma sensación que en mi primer parto, es más como un dolor de regla. Desde ayer noto molestias y avisé a la matrona de que seguramente era para este fin de semana.

Las contracciones no son muy fuertes pero molestas y no consigo volver a dormirme. Tengo que moverme y mi hijo duerme en mi cama. Por eso prefiero ir al cuarto de al lado para no despertarlo. Pongo las cosas para el parto allí. Mi compañero quiere venir conmigo. Le digo que seguramente vaya para rato, que es mejor que intente descansar pero me quiere acompañar. Tengo contracciones cada 10 minutos más o menos. Es menos tiempo de lo que creía.

Por la mañana llamo a la matrona. Parece que es para hoy. Me dice que se pasará un poco más tarde. Mientras intento hacer vida normal, preparar las últimas cosas. Me preparo una infusión de jengibre, clavo, canela y hojas de frambueso, pero me he pasado un poco con el jengibre y es muy amarga, un asco. Hoy hace un día muy malo y no puedo salir a pasear.

Las contracciones siguen el mismo ritmo pero más molestas. Tengo que parar a cada contracción, me centro en la respiración, intento relajarme. Son desde el principio más fuertes que en mi primer parto. Voy a prepararme un baño, a ver si me ayuda. Pongo música, la misma que había preparado para mi primer parto. No noto que el agua me alivie. Me había venido fenomenal la primera vez. Cambio de postura, me pongo de pie. Al moverme parece que las contracciones son más frecuentes.

Ha llegado la matrona y sube a verme. Después de un rato decido salir del baño, parece que las contracciones son menos frecuentes y estoy aburrida. Igual me metí en el agua demasiado pronto. Parece que la cosa va para rato. La matrona propone hacerme un tacto. Estoy de 2 cm. Solo es el principio. Me dice que se va a su casa pero que si la cosa se acelera de repente, con contracciones cada 5 minutos, la llame de nuevo porque en un segundo parto la dilatación puede ir muy de prisa.

Son las 14h de la tarde. Mi hijo tiene sueño y antes de echarse la siesta le suelo dar de mamar. Lo hago igual. Mama unos minutos nada más y se duerme mamando. En ese momento me viene una contracción bestial, me tengo que levantar y suelto al peque en brazos de su padre que menos mal está al lado. Me apoyo contra la pared e intento relajarme pero me duele muchísimo y parece que la contracción no acaba, es larguísima. A los pocos minutos vuelve otra igual de intensa, aunque más corta, y otra, y otra, y otra. Esta vez no paran y son cada 5 minutos. Llamo a la matrona y se lo cuento. ¡Vaya chute de oxitocina que me he metido! Me dice que va a volver dentro de un rato y esta vez se quedará.

Ponemos al peque en nuestro cuarto, nosotros nos ponemos en el otro donde ya había preparado las cosas. Las contracciones son más dolorosas que en mi primer parto, pero de momento lo llevo bastante bien. Nos abrazamos, eso ayuda mucho. Cuando viene una contracción tomo aire y hago movimientos rítmicos. El tic tac del reloj me ayuda. Me balanceo a un lado y a otro siguiendo ese ritmo. Repito en voz baja “tic-tac-tic-tac”… Creo que las endorfinas están empezando a hacer efecto porque me siento como medio drogada. Algunas veces nos ponemos de pie, nos balaceamos al ritmo del reloj. Otras me siento en la pelota giganta, siempre con el mismo ritmo. Y así pasa el tiempo, cambiando a menudo de postura cuando parece que una ya no me alivia: de pie, en la pelota, a cuatro patas, sentada en el borde de la cama, en cuclillas, echada hacia delante, hacia atrás, en la cama, en el suelo, etc. Mi pareja está siempre cerca, abrazándome, tocándome.

Ha llegado la matrona, escucha al bebé, todo está bien. Nos dice que está abajo si la necesitamos. Nosotros seguimos con nuestro “baile”. Mi compañero me dice lo erótico que resulta este momento: los movimientos que hago, la cara que pongo, la respiración, los gemidos… parece otra cosa. Desde fuera seguro que parece muy sensual. Pero las contracciones son muy fuertes y ya me cuesta encontrar alivio.

De vez en cuando viene la matrona para escuchar al bebé. Mi hijo se ha despertado. Se ha echado una siesta estupenda, como casi nunca se echa. Su padre baja con él, le explica que hoy no podemos ocuparnos tanto de él porque va a nacer el hermanito o la hermanita. Parece que lo entiende. Hoy, por primera vez acepta quedarse un buen rato con otra persona sin que estemos nosotros y sale de paseo con la matrona aprovechando que por fin sale el sol. Después de eso su papá y la matrona se van turnando para estar con él y conmigo. Algunos ratos estoy sola.

A mí el tiempo se me empieza a hacer largo. Tengo la sensación de que las contracciones son menos frecuentes (pero es solo una sensación). Tengo calor, necesito salir del cuarto, voy al baño, me refresco, hay mucha luz, claro es de día. Mi primer parto fue de noche y creo que me ayudó a relajarme. Me vendría bien un baño ahora pero hay demasiada luz en el cuarto de baño, prefiero volver a la habitación, hay menos claridad. Pongo música. En mi primer parto, aunque la había preparado, no la puse porque ni me acordé de eso, no sentí necesidad. Esta vez si. Necesito algo para relajarme, para encontrar mi ritmo. Algunas veces la matrona pone su mano en la zona del sacro y me sienta bien. Huelo aceites esenciales. Me masajeo la barriga. Ya haga lo que haga me cuesta encontrar alivio, ni el cambio de postura, ni nuestro “baile”… Empiezo a preguntarme cuánto tiempo me queda, porque como quede mucho y las contracciones se hagan más intensas todavía no sé si voy a aguantar…. Mi respiración es cada vez más fuerte. Le digo a David que si un día le digo que quiero un tercer hijo me recuerde que no quiero volver a pasar por esto…

Oigo a mi hijo llorar. Su padre baja a ver qué le pasa. Vuelve y me dice que ha venido una amiga para ver si hace falta ocuparse de él y se ha echado a llorar. Le digo que no quiero ver a nadie. De todas formas se ha ido.

Ya no sé qué hacer. Qué dolor. Hasta me cuesta respirar durante la contracción. Está todo concentrado en el bajo vientre, igual que con mi hijo, pero mucho más intenso. Qué alivio cuando se va. La matrona me propone hacerme un tacto “para animarme” dice. “O para desanimarme” le contesto. Estoy de 8 centímetros. “De 8 a 10 no queda nada”. Es cierto, pero se me hace eterno. Pienso en las mujeres que tienen un parto así y están dilatando en el hospital, a las que se las trata mal, no me extraña que pidan la epidural a gritos. ¿Y el parto orgásmico? Creo que no va a ser para hoy…

En un momento dado parece que todo se acelera, apenas tengo tregua entre cada contracción. Empiezo a gritar. Creo que me voy a volver loca. Golpeo contra la pared, en la ventana, pataleo, agarro a David con todas mis fuerzas, empujo su cabeza con la mía. No puedo más. Ya sé que una vez que haya acabado se me olvidará todo, pero de momento no soy capaz de relativizar nada. Me echo a llorar. Tengo ganas de ir al baño a cada rato, me entra como diarrea, me escuece, parece que me voy a partir. Empiezo a decir barbaridades “me voy a morir aquí”, ” no puedo más”. David y la matrona me intentan animar. Ya casi estoy en el expulsivo, no queda nada, todo está yendo fenomenal. Lo sé, sé que soy capaz, que queda poco, que estoy en la típica fase de desesperación de la que habla Michel Odent (pero que no vivi en mi primer parto). Es igual que lo que he leído en los libros. Pero no puedo evitarlo. A ver si vienen ya las ganas de empujar. Le pregunto a la matrona como sé cuando tendré ganas de empujar (No recuerdo ni lo que dijo…). Ya no soy persona, ya no soy yo, estoy sin estar, hablo sin saber lo que digo, oigo sin escuchar lo que me dicen, parece que he enloquecido. La matrona me dice que hacemos lo que quiera, que si quiero vamos al hospital. No, por supuesto que no. Si digo las cosas sin pensar. En el hospital sería aun peor.

 De golpe se rompe la bolsa, el agua está clara. ¿Pero cuando diablos va a acabar? De repente me pongo a cuatro patas en la cama. Ya siento ganas de empujar. Más que ganas es necesidad. A la vez salen unos gritos ensordecedores de mi boca, me duelen hasta los oídos. Parece que si no grito no soy capaz de empujar. Mi cuerpo ya no me pertenece. Esas ganas de empujar, esos gritos, salen solos. Ya no soy humana. David, la matrona y mi hijo están conmigo. Le dicen que va a nacer el bebé, pero grito tan fuerte que el pobre se asusta, se echa a llorar y se va a jugar al cuarto de al lado. En los dos primeros empujones siento que la cabeza baja, pero vuelve a subir. En la siguiente contracción me llega una fuerza como animal, la cabeza está saliendo. Qué sensación, la misma que en mi primer parto, la había olvidado. Esa impresión de que me abro pero que lo que tiene que pasar no cabe, que me están descuartizando, que me voy a rajar. La matrona me dice que despacito pero es superior a mi fuerza y sigo empujando. La cabeza ha salido y creo que voy a tener una pequeña tregua, que lo más difícil ha pasado, pero la contracción sigue y enseguida vuelvo a sentir ganas de empujar. Esto tiene que acabar de una vez. Empujo, y de nuevo esa sensación de que no cabe, de que me rajo… (Es curioso porque en mi primer parto recuerdo que una vez pasada la cabeza expulsar el resto del cuerpo me pareció mucho más fácil, esta vez no, tal vez porque el bebé es más grande.) Siento el cuerpecito de mi bebé pasar por mi cuerpo y luego deslizarse entre mis muslos, está caliente, húmedo, resbaladizo. La matrona lo ha dejado entre mis piernas. Entonces abro los ojos, me cuesta un poco recobrar el aliento y darme cuenta de que ya ha terminado. “Cógela” dice la matrona. “¿La?” ¿¿Entonces es niña?? No me lo puedo creer. Miro al bebé, me quiero asegurar por mí misma. Si, es una niña. Me quito la poca ropa que me queda para ponerla contra mí. Esta llorando. Es preciosa, mofletuda, rojita, huele a sangre, a flujo, a mí. Nos miramos. Se parece a su hermano pero está más gordita. A los pocos minutos ya empieza a buscar el pecho, lo encuentra y se agarra sin dificultad. No hemos cortado el cordón aún. Esta vez esperaremos.

  Son las 19h40. Ya ha acabado. Lo he conseguido de nuevo. He superado de nuevo esta gran prueba que nos pone la naturaleza. Soy madre otra vez. Mi cuerpo me ha demostrado que sabe lo que tiene que hacer y que no necesita ayuda alguna.

La vida es curiosa. El año pasado David me dijo un día que si íbamos a por una niña, yo le dije que no, que me parecía pronto aún. No sabía entonces que acababa de quedarme embarazada y que era niña, esta pequeña criatura a la que acabo de parir, un bebé que ha venido sin avisar pero que nos está haciendo tan felices. Cuando pienso que me pregunté si querría a este bebé tanto como a su hermano… Por supuesto que la quiero, después de nueve meses de embarazo y después de haber vivido algo tan intenso juntas, de verla, tan pequeña, indefensa, inmadura, de olerla, de cogerla contra mi pecho, de sentir su cuerpo cálido contra el mío, ¿¿como no la voy a querer? Es mi cría, una prolongación de mi cuerpo, un pedazo de mis entrañas, depende de mí para sobrevivir, necesita mi protección y se la daré sin limites, igual que hice con su hermano.

La placenta tarda algo en salir, la matrona está pendiente. Pero yo no me preocupo, tengo a mi niña en brazos, está mamando, todo ha sido tan perfecto. Igual que cuando nació su hermano me asombra haber sido capaz de crear un ser tan perfecto, una miniatura, con todos sus deditos, sus pies tan diminutos. La naturaleza es perfecta. Hace unos instantes gritaba de dolor y ahora ha acabado todo, me siento tan bien, soy tan feliz. Al final no he tenido ni un desgarro. Eso si, me duele la garganta de haber gritado tanto y me traen unos caramelos…

Mi hijo se acerca para conocer a su hermanita. No tiene ni dos años pero parece que lo ha entendido todo. Dice “bebé” y coge la trompetilla con la que jugaba a escuchar al bebé dentro de mi barriga, la pone sobre su hermana y escucha. Nos quedamos asombrados…

……

Mi hija casi no soltó el pecho en sus primeros días de vida. Yo me recuperé enseguida. Estuve fenomenal nada más parir, con una energía que no tenía desde hacía años.

….

Unos días después del parto, mi pareja escribió esto en su blog:

“Un hombre que se ha implicado en el parto de sus hijos sólo puede acabar repudiando la violencia, adorando a los niños y venerando la naturaleza de la mujer.”

Esto fue lo que le respondí:

“Y una mujer que ha recibido el apoyo de su pareja durante el parto, que no ha sido juzgada sino aceptada por él en todo momento sólo puede amarlo aun más porque un hombre que es capaz de ver, comprender y respetar un parto natural en todos los aspectos de la fisiología y de confiar en su mujer es todo un hombre y un padrazo. Esa mujer entiende que lo propio de la naturaleza del hombre no son la violencia y el machismo sino el respeto a la vida y la protección de su familia.”

……

Hoy ha pasado un mes desde el nacimiento de mi hija. Las hormonas han hecho su trabajo. Pasados los primeros días, por mucho que lo intente no consigo recordar el dolor, ya se me ha olvidado, recuerdo ese día como un momento bonito, mágico, irrepetible. Ya lo fue el nacimiento de mi hijo, pero esta vez he tenido a mi bebé en mi casa. La gente se queda asombrada, me pregunta si no tuve miedo, me dice que soy valiente. ¿Por qué quedarme en mi casa y no ir al hospital para el parto y el postparto? Os diré por qué. Porque parir es algo natural y confío en la naturaleza. Porque confío en mi misma y no tengo miedo. Porque soy capaz de superarlo. Porque mi cuerpo sabe parir y mi bebé sabe nacer. Porque como hembra mamífera que soy necesito intimidad y seguridad para parir. Porque no necesito ni a un ginecólogo, ni a un anestesista, ni a un pediatra. Tengo a una profesional conmigo que sabrá decirme si algo no va bien, aunque confío en que todo va a ir bien. Porque no quiero epidural: sé las consecuencias que puede tener para el proceso del parto, para mí, para mi bebé y para nuestra relación y quiero ser consciente de todo, vivirlo todo, sentirlo todo. Porque el nacimiento de un bebé es algo irrepetible y bonito y hay que cuidar ese momento al máximo. Porque quiero que mi hijo esté cuando nazca su hermanito/a. Porque no quiero tener que salir de mi casa en pleno parto ni llegar a un lugar extraño y frío donde me harán preguntas y me mirarán con cara extraña. Porque no quiero que el hecho de que mi parto vaya bien o no dependa del equipo de turno en el hospital. Porque no quiero someterme a protocolos estándares y absurdos diseñados por personas que no me conocen ni saben lo que es un parto fisiológico. Porque ningún protocolo en Extremadura respeta toda la fisiología del parto, ni todos los derechos de la madre y del recién nacido. Porque quiero sentirme libre, no tener que avergonzarme de nada. Porque no quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer. Porque quiero que mi bebé nazca en un lugar acogedor y que le sea familiar. Porque no me apetece ver ni que mi bebé recién nacido vea a desconocidos. Porque no quiero tener que pelear con nadie ni que dar explicaciones a nadie sobre mi forma de cuidar de mi bebé. Porque quiero dormir en una cama cómoda con mi bebé y no tenerlo en una cuna alejado de mí. Porque quiero bañarlo yo cuando me parezca oportuno. Porque quiero descansar cuando yo quiera. Porque no quiero que cualquiera me moleste entrando por la puerta sin llamar. Porque en mi casa estoy a gusto y en el hospital no. Porque las primeras vivencias de un bebé son fundamentales y queremos vivir sus primeros minutos, horas, días en familias, en nuestro hogar, para que esté rodeado de amor y de paz sin que nada interfiera en nuestra felicidad.

 

Os cuento mi primer parto 21 abril 2010

Filed under: Parto — ecomaternal @ 6:14 pm

Han pasado casi dos años y dentro de poco me tocará otra vez así que quería escribirlo antes.

Son las 5 de la mañana. Me acabo de despertar: siento algo, creo que es en la zona del cuello del útero, va y viene. Esa zona se contrae. No es doloroso. Intento volver a dormirme pero no lo consigo. Sé que son contracciones y que esta vez va en serio. Llevo unos días revuelta, me he resfriado y hasta he tenido fiebre. Aún no me he recuperado del catarro y estoy agotada. Pero mi bebé ha decidido que es el momento.

David sigue durmiendo. Tengo ganas de decirle que ha llegado el gran día. Me pregunto como va a reaccionar. Pero no lo quiero despertar. Espero e intento descansar.

 Hoy es miércoles y tengo cita con la matrona. Ella me confirma que son contracciones pero que todavía son leves y no podemos saber con seguridad si el parto será hoy, mañana o dentro de unos días… 

Sigo haciendo vida normal. Me preparo una infusión de clavo, jengibre y canela, he leído que es buena para el parto. Después de comer nos echamos la siesta pero no consigo dormir. Además sabemos cuál es el mejor método para que las contracciones se hagan más eficaces y nos ponemos cariñosos… Besos, caricias… No hace falta ir más hallá de los preliminares: nos interrumpimos a cada rato porque las contracciones son cada vez más fuertes. Esta vez va en serio y no podemos seguir. David sale a comprar algo de fruta y comida, le digo que se de prisa. Mientras me pongo en el salón, enchufo un radiador porque a pesar de que estamos a finales de mayo hace frío, pongo música relajante. Ahora ya no puedo hacer nada, tengo que parar y centrarme en mí misma. Me siento en la alfombra, intento relajarme, centrarme en la respiración.

David regresa, le pido que me prepare un baño caliente y que ponga un radiador para que no pase frío. Son las 19h00. Me meto en la bañera y estoy muy a gusto. Cuando siento que viene una contracción cojo aire, cierro los ojos, me relajo. Recuerdo una frase que me había dicho mi doula “nuestro cuerpo sabe parir perfectamente”, no se me tiene que olvidar. De vez en cuando David coge la trompetilla y escucha el corazón del bebé. Está fenomenal. Yo también estoy bien, relajada, tranquila. Intento relajar al máximo la zona de la vagina, visualizar el cuello que se abre, eliminar toda tensión en esa zona. A veces me pongo de pie, apoyada contra la pared, no me apetece estar todo el rato sentada. Las contracciones son ya bastante intensas y vuelven con frecuencia. David empieza a apuntarlas. Vienen cada 5-3-2 minutos, no las encuentro tan regulares como cuentan en los libros… Son como olas, viene una, se hace más intensa hasta que llaga a un máximo y se va poco a poco, pero lo que no había leído en ninguna parte es que las mías son dobles: en vez de desaparecer del todo enseguida vuelve otra. Luego ya tengo unos minutos de relax.

 Al cabo de un par de horas me apetece salir de la bañera y me meto en la habitación. Me pongo en la cama con la pelota gigante. Algunas veces me siento otras me pongo a cuatro patas, siempre apoyada en la pelota que hago botar ligeramente. David me da algun masaje en los lumbares con una mezcla de aceites esenciales para parto. Cuando me entra hambre como unas galletas, cuando tengo sed bebo. No sé por donde voy. ¿Quedará mucho? ¿Poco? Las contracciones son muy frecuentes pero no tengo la sensación de llevar mucho tiempo de parto. David llama a una matrona de nuestra zona para que nos asesore un poco. Podía haber decidido dar a luz con ella en mi casa pero no me sentía preparada y hemos decido que iremos al hospital. La matrona nos dice que se va a acercar para ver como va la cosa.

Esta vez las contracciones son muy intensas, mi respiración se hace más rápida. Necesito que David esté conmigo. Cada vez que llega una contracción lo abrazo con mucha fuerza, hundo mi cabeza en su pecho. Eso me ayuda mucho.

La matrona ha llegado. Me pregunta qué tal estoy y si quiero que me haga un tacto. Le digo que si. Lo necesito para saber si va todo bien, si ya estoy dilatando, si me queda mucho aún. Me dice que estoy de 5 centímetro. Sus palabras me saben a gloria: “tienes el cuello muy blandito, una pelvis muy buena”. Era justo lo que necesitaba oír. Nos dice que si tenemos pensado ir al hospital tenemos que prepararnos ya. Tenemos media hora de coche. Si, es lo que habíamos decidido y no me siento capaz de cambiar de opinión ahora.

 Las cosas ya estaban preparadas pero David no sabe donde están y le tengo que explicar lo que tiene que coger. Esta espera se me hace eterna. Tengo que vestirme y bajar dos plantas de escaleras con contracciones a cada rato. Espero fuera, de pie, apoyada contra el muro de casa. ¿Pero es que David no va a salir nunca?

 En el coche no estoy muy cómoda. Pongo las piernas en alto e intento abrirlas pero no tengo mucho espacio. Cierro los ojos y me centro de nuevo en mí. Las contracciones no paran, sólo me dejan unos segundos de descanso. Mi respiración es cada vez más ruidosa, se convierte en gemidos y los gemidos poco a poco en una especie de canto. La vibración de mi voz me relaja.

 Son las 00h30. Hemos llegado al hospital. Pero llegar hasta la puerta es casi imposible. Tengo que pararme constantemente. Al entrar una chica me pregunta como me llamo y quiere que rellene un formulario. No contesto siquiera. La oigo pero no quiero contestar, no puedo, no quiero pensar. David se queda con ella para rellenar los papeles. A mi me traen una silla de ruedas y me llevan a partos. Al llegar, la mirada de la matrona es clara: “otra primeriza que se esta quejando por nada y no esta ni de parto…”. Me pide que me quite la ropa. Lo hago con mucha dificultad, deteniéndome constantemente y apoyándome contra la pared. Me va a hacer un tacto. No digo nada, obedezco, sé que queda poco, que ya estoy a punto de parir. Estoy de 10 cm. Vamos a ir al paritorio. Ha llegado David. Me pongo de pie y entonces siento algo que baja de golpe entre mis piernas. Creo que es el bebé e instintivamente pongo las manos entre las piernas. “Esta saliendo!” Es la bolsa que se ha roto. El agua esta clara pero con unos pedacitos verdes. La matrona se empeña en monitorizarme, lo intenta pero no da tiempo. Yo estoy tranquila porque hemos estado escuchando el corazón del bebé todo el tiempo en casa y sé que está bien. Estamos en el paritorio. Esta matrona no es de las que te dejan parir en la postura que quieras. Pongo los pies en los estribos pero no me tumbo. Sigo teniendo las mismas sensaciones que antes, no siento ganas de empujar pero la matrona me dice que lo haga. Lo hago con toda mis fuerzas. “Con la barriga” dice la matrona. Llegados a este punto creo que no lo voy a conseguir. Digo a David que no puedo. El me dice que si, que soy capaz. Entonces me dice la matrona que deje de empujar, que si no me voy a desgarrar, pero ya me da igual, no puedo parar, sigo empujando. Tengo lo ojos cerrados, en 4 o 5 empujones ya esta, oigo a mi bebé llorar y me lo ponen sobre mí (luego me enteré de que lo había sacado David).

Ya está aquí, es perfecto, veo sus deditos tan diminutos. ¿Como hemos podido hacer un bebé tan perfecto? Se parece tanto a David, es igualito. Le hablo en francés “mon amour, mon coeur, mon bebé, mon chéri”… no puedo parar y las palabras salen solas. Abre unos ojos enormes y levanta la cabeza para mirar para un lado y para otro. Es la cosa más bella y más perfecta que he visto en mi vida.

 

Al final solo he tenido un pequeño desgarro por dentro. Me siento muy bien, todo ha acabado. Unos minutos mas tarde sale la placenta casi sola. ¿Entonces solo era eso? ¿Eso es un parto? Lo he conseguido, he tenido a mi bebé yo sola, sin intervenciones, sin epidural, ni siquiera me he acordado de ella. Mis amigas tenían razón, no es para tanto, somos capaces de parir. Ya lo tengo claro: hay que acabar con esas mentiras que nos han contado desde siempre. El siguiente lo tendré en casa…

 

 
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